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Texto y fotografías de German Magrazo

Después de pasar las dos primeras semanas de mi viaje entre el norte de Camboya y de Tailandia, estaba en mis planes bajar a alguna isla del sur para acabar mi viaje de una forma más relajada. A día de hoy puedo decir con rotundidad, que de haberlo sabido, me hubiese quedado en el norte del país. No es porque el sur no sea bonito. Ni porque las islas no ofrezcan relax. Simplemente es, bajo mi humilde opinión, otra Tailandia totalmente distinta y no tanto de mi agrado. La idea principal era ir a la diminuta isla de Koh Tao. La más pequeña del golfo de Tailandia. Allí tengo un amigo trabajando desde hace varios meses como instructor de submarinismo y también era un aliciente añadido. La llegada a la isla fue un poco estresante. Mi vuelo de Koh Samui llegó con las peores turbulencias que he vivido hasta la fecha y sólo aterrizar ya vi que en esta parte del país todo toma un aire mucho mas turístico y borreguil. Me preguntaron al llegar dónde iba y me engancharon en la camiseta una pegatina con el nombre de Koh Tao! Acto seguido me pusieron literalmente dentro de una furgoneta y me llevaron al puerto. De allí salió el barco que primeramente paraba en Koh Phangan, la meca de la juerga juvenil y conocida mundialmente por albergar la fiesta de la luna llena. Y de ahí a Koh Tao. En el puerto de Koh Tao, otra vez viví un acoso tremendo de oferta de taxis y albergues que no había visto hasta el momento. Un centenar de thais aplastados contra las vallas del muelle intentaban cazar clientes. Me escabullí como pude y una vez superado el muelle empecé a preguntar por uno de los albergues baratos que recomendaba la Lonely Planet. Mr. J Bungalows, después de unos cuarenta minutos con la mochila a cuestas y caminando por calles sin iluminación llegué por fin al hostal de Mr J. Le pedí que me enseñara las habitaciones y me quedé con una que estaba bastante decente por 600 Baths, unos 12 euros al cambio. Aquí otra vez pude ver la diferencia entre las dos Tailandias ya que por ese precio en Chiang Mai tenía casi una suite. Reservé sólo para dos noches sin saber aún cual iba a ser mi plan y me acomodé en la habitación. Tras esto, intenté contactar con Josu, mi amigo en Koh Tao, y quedamos en que me vendría a buscar con su moto a un restaurante muy cercano a mi hostel. Mi primer contacto de nuevo con el centro de Mae Haad, puerto de Koh Tao, fue otra vez bajo mi opinión, y después de haber vivido dos semanas en el norte, decepcionante. Atiborrado de restaurantes de comida occidental, bares al estilo más europeo, puntos de información turística y escuelas de buceo. Una vez los saludos pertinentes finalizaron, me subí a la moto de Josu y me llevó a su pequeña pero acogedora casa a tomar una cerveza. Después me llevó a las afueras de Mae Haad a un restaurante thai, muy rico y barato. En el trayecto al restaurante pude comprobar lo que dicen las guías respecto al estado de las carreteras de Koh Tao y es que dejan mucho que desear con cambios de nivel pronunciados constantes e innumerables baches que sortear, suerte que tenía un buen conductor. Después de cenar, Josu me llevó a conocer la fiesta de la isla, la verdad es que después de dos semanas sin salir de marcha pues también me apetecía un poco de ambiente y la verdad es que nos lo pasamos muy bien. Los siguientes días en la isla fueron de lo más tranquilo.

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Playa, lectura y alguna cerveza por la noche con Josu pero poco más, pese a que la isla parece una colonia de españoles, eso sí, dedicados mayoritariamente al negocio del buceo. La verdad, aunque la compañía de Josu fue muy grata, la isla no era para mi. Entiendo que sea un lugar paradisíaco para parejas en busca de relax, chavales que busquen fiesta en sus primeros viajes con colegas y aficionados al buceo, pero definitivamente no era mi destino. Decidí entonces, de un día para otro, cambiar de isla e irme a Koh Samui. La sensación que me llevo de esta isla es algo diferente, pero no difiere mucho de mi opinión de que existen dos Tailandias, el norte más auténtico y el sur, totalmente preparado para el turismo en cuanto a todo, comida, alojamiento y ocio. Aunque al menos esta isla ofrece algo más que Koh Tao, ayer me dediqué todo el día a moverme por la isla, la más grande en extensión de las islas del Golfo y visité sitios realmente preciosos. Aunque me dieron la primera en la frente. Contraté un día entero con guía por la isla dejando muy claro que no quería ningún trekking con elefantes y que sólo quería el conductor para que me llevase a los sitios de interés. Pero las primeras dos horas de excursión fueron realmente tristes, me llevaron a un sitio donde se concentraba mogollón de turistas para ver un espectáculo con monos y elefantes. Creo que nunca en la vida he sentido tanta impotencia, supongo que después de conocer la verdadera realidad de la explotación animal en mi visita al Elephant Nature Park de Chiang Mai estoy mucho más sensibilizado. Me negué en rotundo a ver los espectáculos y me dirigí a la encargada de la empresa que lo organizaba para comunicarle mi desacuerdo. No sirvió de nada y tuve que esperar a que terminasen los espectáculos viendo mientras tanto cómo tenían a un par de elefantes atados por dos de las cuatro patas y sin comer. La expresión de los ojos y la cara de esos elefantes comparados con los que vi en Chiang Mai, no se me olvidará en la vida. No pude ni sacar la cámara para hacer fotos, me sentí realmente mal en ese sitio. Suerte que el resto del día estuvo la mar de bien, visité en 4×4 toda la isla por carreteras rurales, incluyendo una cascada en medio de la selva, el Gran Buda, y un Wat (templo) muy importante para los locales donde hay un monje momificado que fue una institución para los creyentes. Me quedo sobretodo con el jardín que construyó un religioso local en medio de la selva después de soñar cómo sería el paraíso después de la muerte, realmente precioso.

03 sur tai, german magrazo

Por la noche, decidí ir a ver la final del mundial a la zona de ocio mas famosa de la isla, y pude comprobar cómo Tailandia no es un mito por la prostitución, sino una realidad de proporciones enormes. Sólo me queda un día más por aquí y luego emprenderé la vuelta a casa, Sin duda me quedo con el norte del país y su autenticidad, ahora ya toca pensar en el siguiente viaje, esto no lo cambio ya por nada del mundo.

Nos vemos por Occidente!

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