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Texto y fotografías de German Magrazo

El martes después de visitar el monte sagrado del Doi Suthep y pasearme a 38 grados por el Zoo de Chiang Mai, padecí quizá la descomposición más grande que he padecido en mi vida. Pero creerme cuando os digo que aquí, aún enfermo, han sido unos días geniales. El martes cuando llegué de mi aventura por el zoo de Chiang Mai ya no salí de la habitación hasta el día siguiente. Solamente salí para preguntar por el Seven Eleven más cercano, que para quien no lo sepa, son como minisupermercados esparcidos por toda Tailandia donde, en principio, encuentras de todo. Mi intención, encontrar el bendecido Aquarius que regenera tan bien por sus sales minerales. Mi descomposición era de proporciones titánicas y lo encontré con otra marca comercial. De hecho me llevé cinco para tener reservas ya que en la habitación dispongo de nevera. A la hora de comer y para llevarme algo al estómago, fui al restaurante que hay justo en la acera de enfrente del hostel donde me alojo, y he de decir que si tengo que recomendar un restaurante en Chiang Mai, es este sin lugar a dudas. Me han tratado todos estos días como a alguien de la familia, dándome consejos para mejorar, invitándome a innumerables tés de jengibre, según ellos, mano de santo y sirviéndome exquisiteces nada agresivos para mi estado, hasta el arroz blanco era exquisito y hoy ya recuperado de mi descomposición sigo comiendo allí. Cooking Love. Un sitio genial, exquisito y de un trato excelente. Ese mismo día y cuando el sol empezó a caer, me armé de valor y decidí salir a tomar el aire, acabé en un lugar llamado Elvis Loco, donde estaban tocando en directo. Me tomé una fresquita Coca Cola y disfruté de la actuación. Cabe decir que aquí, en Chiang Mai, está lleno de locales donde hay un grupo tocando en directo y cobrando por ello, vamos, lo mismo que en nuestro país. Sobre la hora de cenar volví al restaurante en cuestión, estaba lleno ya que sale recomendado en la Lonely Planet, pero siguiendo con su impecable servicio y amabilidad me ofrecieron servirme la cena en el hall de hotel, donde estaba Yosita, la encargada de la recepción e hija de la dueña aprendiendo a tocar la guitarra, allí me quedé pasada la madrugada cantando, tocando e intercambiando opiniones sobre nuestros respectivos lugares de procedencia. Alternando alguna subida de urgencia a mi pequeño rincón ahogaindigestiones, mi WC. El jueves amanecí algo mejor, empapado de sudor como ya es habitual pero sintiéndome algo mejor del estómago, así que decidí seguir con mi ruta planteada, hacerme un masaje y contratar un trekking. Mi primera opción, fue ir en busca de Wandee, una anciana que me había recomendado Josep Carrizo, ya que estuvo por aquí hace relativamente poco y según me dijo era muy amable y seguía métodos tradicionales, después de caminar un buen rato y no encontrar el sitio pese a las indicaciones precisas que tenía, una chica local me informó que Wandee se había trasladado de lugar pero no sabía decirme dónde. Así fue como decidí contratar un tuktuk para que me llevase a las afueras de la ciudad. Concretamente a unos diez kilómetros de Chiang Mai en Ban Hom Samunphrai. Valió la pena ya que la experiencia la recordaré siempre. El tuktuk me dejó en una casa que parecía el jardín donde matan a la china en Kill Bill, algo realmente precioso, pero no había nadie, estuve deambulando un buen rato intentando encontrar a alguien y nada, y encima, mi tuktuk ya se había ido y estaba completamente solo allí. Después de unos diez minutos y empezando a agobiarme, apareció una mujer de unos 60 años preguntándome que quería. Obviamente le dije que quería un masaje y es cuando me dijo que ella era la dueña de la escuela y que no tenia a nadie ya que todo este mes tenía el sitio cerrado. Creo que en ese preciso instante y de manera totalmente involuntaria saqué mi cara de pena más dulce y adorable. Tanto, que vi un pase de gol en toda regla al ver el gesto de ella de como que le sabía mal. Es cuando le comenté que tenía bastante mal la espalda, algo realmente cierto, y me dijo que podíamos hacer una excepción pero que no comentase nada en el Hostel ya que le llamaban continuamente para pedir hora y decía que no. Genial!! Me llevó a un vestuario donde había unos pantalones estilo tailandés y una camiseta. Me dijo que me cambiase y que seguidamente me fuera a la sala que había delante dándome unas chanclas del número 35, teniendo en cuenta que calzo diez números más, imaginaros mi planta vestido a lo tailandés y con unas sandalias en las que solo me cabían tres dedos. Cuando me abrieron la sala aluciné. Un futón en el suelo enorme rodeado de deidades budistas y un aroma a hierbas agradable no, lo siguiente. Lo primero que me dijo es que me pusiese de espaldas para ver la gravedad del asunto y efectivamente me dijo que estaba bien jodido. A partir de ahí, dos horas y media de posturas imposibles, hostias y apretones por todos lados y finalmente presión por todo el cuerpo a base de hierbas calientes envueltas con toallas. Brutal. Y todo por veinte euros. Recomiendo encarecidamente este sitio y huir de la infinidad de locales sacadinero y de dudosa reputación terapéutica que hay esparcidos por la ciudad. Al volver a la ciudad, comí en el que es ya mi sitio fijo y me eché una pequeña siesta. Aún no recuperado de la descomposición pero mucho mejor decidí salir a dar un paseo al atardecer por la ciudad, me encontré un sitio donde tocan jazz cada noche y espero poder ir hoy a ver la actuación.

chiang mai, tailandia,

Me encontré con Wats, templos budistas preciosos y que no salen en las guías y ávido de valentía decidí ir a cenar una pizza ligera a un italiano. Después de eso al Pub Inter donde cómo no, tocaban en directo. Me tomé dos tónicas y a dormir. Hoy ya puedo decir que parezco recuperado totalmente de mi estado lamentable y con unos cuantos kilos menos. Esta mañana al levantarme he ido a desayunar, tres bananas, dos tostadas y té de jengibre y he contratado un tuktuk para dirigirme al conjunto arqueológico de Wrang Kum Kan.

tailandia, Wrang Kum Kan

Nada espectacular por sus ruinas si lo comparamos con Angkor Wat pero muy interesante por la historia que lleva encima. Esta ciudad resulta ser el primer asentamiento en la zona de Chiang Mai antes de su fundación y es el lugar donde se han encontrado las tablas más antiguas con escritura tailandesa, todo indica que quizá toda su cultura provenga de aquí, del Norte del país. Lo bonito de la visita es que la he recorrido en un carro tirado por caballos y una señora muy simpática pero hablaba peor que yo el inglés que ya es decir, y me he enterado más bien poco de sus explicaciones. Al volver a la ciudad he dado una vuelta al este de la ciudad antigua, he entrado en uno de los Wats más bonitos que he visitado hasta la fecha y allí, un monje budista me ha invitado a descalzarme y he estado un rato con él. Al despedirme me ha puesto una pequeña pulsera blanca en la muñeca izquierda mientras cantaba algún tipo de salmo budista, seguidamente y sin yo esperármelo me ha empezado a rociar con una especie de agua bendita y me ha dicho que me daría suerte, no sé si habrá sido algo divino o no, pero al llegar el hotel he agradecido por fin, mi última visita a mi, ya de la familia, inodoro tailandés. Esta tarde espero visitar el mercado de las flores y chinatown, incluso poder tomarme la primera cerveza de la semana.

Saludos desde Chiang Mai!!

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