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Texto y fotografías de German Magrazo

Mis últimos días en Chiang Mai han sido sin lugar a duda geniales. He conocido más gente en estos tres días que en todo lo que llevo de viaje y me doy cuenta de que viajar es mucho más que lo que ves o visitas. También es las cosas y gente que te encuentras por el camino. El viernes, después de ser bendecido por un monje budista y pegarme la bendita ducha de tarde necesaria, decidí ir a visitar el mercado de las flores. Salí de mi hotel con mi equipo fotográfico en mano, crucé el Soi numero 1 de la ciudad antigua, mi calle, y seguidamente crucé la siempre militarizada Thae Pae Gate, la puerta este de la ciudad antigua. Sólo cruzar la puerta oí gritar mi nombre. Pensé que eran imaginaciones mías pero definitivamente alguien me estaba llamando. Y así era. fundssupply.com En el aeropuerto de Bangkok hace ya dos semanas conocí a una pareja de catalanes que iban a visitar Tailandia en plan mochilero total. Yo les dije que si pasaban por Chiang Mai quizá nos encontraríamos y caprichos del destino, en plena concurrida Thae Pae Gate nos encontramos. Después de una agradable charla en catalán, no sabéis como se agradece hablar alguna de las lenguas propias, quedamos para cenar, también vendría un amigo suyo de Girona que recién había llegado también a la ciudad. Ellos se fueron a hacer un masaje y yo al mercado de las flores, que, según mi opinión tampoco vale mucho la pena visitarlo. A las ocho y media quedamos para cenar y les propuse ir a la orilla del río donde se junta la juventud tailandesa, concretamente al Riverside Bar, donde había leído que tocaban también en directo. Cogimos un tuk tuk y nos metimos como pudimos los cinco más el conductor, toda una odisea. El viaje, alrededor de dos euros a repartir entre los cinco. Cuando llegamos a la zona citada anteriormente, nos quedamos de piedra. Era la zona alta de cualquier ciudad, cochazos, jóvenes de punta en blanco, y todos los locales a reventar. Total, ya que no buscábamos tampoco ese tipo de ambiente, caminamos hasta encontrar un restaurante barato y que estuviese al aire libre ya que el calor era insufrible, como de costumbre. Después de la cena y explicarnos las respectivas aventuras volvimos al centro y nos tomamos un par de cervezas, luego nos despedimos aunque nos intercambiamos los teléfonos por si volvíamos a coincidir por las islas.  Al día siguente decidí acabar con las visitas a templos, desde este viaje me considero un auténtico fan de la arquitectura y rito budista. Cada templo tiene alguna particularidad, alguna sorpresa que te deja boquiaberto y con algún que otro pelillo erizado. Empecé por visitar al sur de la ciudad antigua el templo Wat Sisuphan, de obligada visita aunque esté lejos del centro. Tiene la única sala de oraciones de plata en todo el país, realmente es impactante ver cómo, en una estructura tan grande, se mezcla el dorado y el plateado ofreciendo a la visión de cualquiera magníficas imágenes.

wat sisuphan

Seguidamente visité el Wat Suan Dok, espectacular en cuanto al paisaje que le rodea y los dos grandes budas dorados que hay en su interior.

Wat Suan Dok

Por último nos dirigimos al Wat U Mong, enorme y para estarse un buen rato. Este templo está repartido dentro de un gran bosque, con elementos modernos y elementos ancestrales como su pagoda, enorme y longeva pero aún sobreviviente de la afluencia constante de creyentes y curiosos turistas como aquí el servidor. Genial en este templo ver la devoción de la gente compartiendo la comida con los monjes budistas internos y ver cómo las familias se turnan para rezar mientras los niños juguetean con las palomas en el embalse artificial creado alrededor de innumerables imágenes sagradas. Curioso también los subterráneos túneles que alberga este complejo con pequeñas capillas de oración.

Wat U Mong

Lo que restaba de día, lo dediqué a relajarme, planificar los próximos, y darme un gran paseo por el mercado de Sábado. Kilómetros de pequeños puestos comerciales que hacen las delicias tanto de turistas como de locales. Al volver del mercado a mi hostel, me topé con una celebración en medio de la calle, donde en primera fila se sentaban varias autoridades de la ciudad y estaba a rebosar de gente viendo una especie de teatro en la calle, realmente extraño ver que un gentío a tu alrededor se ríe y tu no sabes porqué. También curioso que mientras intentaba fotografiar en medio del barullo me tocaran en la espalda, claro!!! Una moto me pedia paso…. Una moto!!!! En medio de una plaza llena de gente viendo un espectáculo… De verdad que aquí todo es diferente. El domingo me tocó levantarme temprano para ir a desayunar y dirigirme 70 km al norte de Chiang Mai, a plena selva para realizar un trekking de cinco horas. Ha sido una experiencia genial. He podido ver insitu tarántulas e insectos imposibles, vegetación extraña, árboles gigantescos y locales escalando por ellos como si subieran una escalera, lianas, aldeas de montaña, lagartos… Llegué absolutamente reventado a la habitación pero con una sonrisa de oreja a oreja. Decidí coger algo de comida en el restaurante y comer en la habitación pero al entrar en el mismo escuché hablar en español y no pude evitar la tentación de meterme en la conversación, total, acabé con ellos cenando y bebiendo cerveza hasta la madrugada. Me llevo de ese día las mejores risas en mucho tiempo y un rato muy agradable, quizá nos volvamos a encontrar en Koh Tao. Al día siguiente me esperaba quizá, uno de los días mas especiales en cuanto a emociones. Tuve la suerte de tener sitio para visitar el Elephant Nature Park, una fundación sin ánimo de lucro fundada por Sangduen “Lek” Chailert.

elephant nature park

Una tailandesa que ha dedicado su vida a rescatar de la explotación turística elefantes por toda Tailandia. No contenta con eso, ha empezado a expandir su área de actuación por Myanmar, la antigua Birmania y la parte norte de Camboya, y no contenta tampoco con eso, después de las grandes inundaciones que hubieron en Tailandia hace un par de años, se dedicó a rescatar a cientos de perros callejeros para llevarlos a la fundación. Actualmente hay centenares de voluntarios en el parque que viven allí por comida y vivienda dedicando sus días a el cuidado de elefantes y perros de manera incondicional. Es un verdadero placer observar in situ la conexión que hay entre estos gigantes del mundo animal y sus cuidadores. Aquí, en este parque, no puedes realizar trekkings con ellos, no puedes ni siquiera subirte encima de ellos para dar una vuelta, práctica muy expandida por todo Tailandia y que esconde detrás un sufrimiento extremos del animal. En el parque hemos podido estar con ellos, y cuando digo con ellos es tal cual, en medio de la selva dándoles de comer, bañándolos y compartiendo con ellos cómo juegan y cómo se relacionan con otras manadas y sus crías. Recomiendo encarecidamente visitar este lugar para aportar un granito de arena más a su exquisita labor. Esta mañana vuelo a Koh Samui, a otra nueva aventura ya que mi intención es dirigirme a Koh Tao, la isla más pequeña del Golfo de Tailandia, peró aún no se cómo lo voy a hecer ni siquiera si voy a poder llegar hoy, pero en todo caso, lo intentaré.

Saludos desde el aeropuerto de Chiang Mai!!

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