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Texto y fotografías de Bisual Studio

Shanghái desde el cielo intimida. Una mole de asfalto y hormigón me da la bienvenida desde el avión. Esta megalópolis se erige desde el otro lado de mi ventanilla como una brutal masa gris y centelleante.…sin embargo, esa imagen a vista de pájaro se estrellará a ras de suelo. Un mosaico de texturas, olores y sabores me mostrarán cuán equivocada me hallo…

Hace ya una semana que volé más de 9000 kilómetros para vivir durante veinte días una experiencia única.ShangháiKunmingDaliShangri La y Pekín, mis destinos. Un viaje a través del futuro y el pasado de China. Un país complejo, desconcertante y temible para el visitante occidental.

Primera parada: “la Perla de Oriente”, la capital económica del gigante asiático. Veinticuatro millones de almas hacinadas en una jungla de cemento. Y viviendo a un ritmo frenético.

Empiezo mi periplo paseando por el paseo fluvial del Bund y observar uno de los skylines más reconocidos del mundo: el distrito financiero de Pudong. Me quedo hipnotizada por los miles de neones que iluminan algunos de los edificios más altos de la ciudad como por ejemplo, el World Financial Center; y pienso en lo pequeñita y ridícula que se me queda Nueva York frente a todo esto. Aquí todo es más grande, más luminoso y más extremo.

Pero Shanghái no es sólo esto. Y China no entiende de términos medios. Frente a los imponentes rascacielos, “la Concesión francesa” (una zona gobernada por extranjeros) , y distritos como Xintiandi repleto de restaurantes de lujo y boutiques de ensueño, me encuentro con la otra cara de la moneda. Barriadas de obreros, mercados de cuestionable salubridad y callejuelas sin alumbrado público. Un continuo choque de paisajes, espacios, gente y olores. Sobre todo olores.

Hace ya una semana que aterricé en esta parte del mundo. La he amado y odiado a partes iguales. Creo que nunca llegaría a acostumbrarme a su caótico tráfico. A las motos que circulan por las aceras, a la gente escupiendo por la calle como si de un estornudo se tratara. Pero aún así, me ha acabado atrapando. No sabría como explicarlo.

En unos días viajo al sur, a la región de Yunnan. Más de 3000 km de trayecto en tren. Treinta y seis horas de viaje a través del vasto territorio chino. Y otra oleada de sensaciones, emociones y vivencias por delante.

Ya os iré contando y mostrando aquello que mis retinas captan y mi mente atrapa. Sin ninguna pretensión, simplemente narrando aquellas notas que guardo en una moleskine negra y atestada de letras.

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