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Texto y fotografías de Jorge Bonilla

Por su transparencia, buen ánimo y hospitalidad, me llevé gran sorpresa cuando fui a Ecuador. Un país lleno de gente linda, con la mejor calidez que enamora al turista, a un turista posmoderno como yo. Un país puede ser hermoso, pero con gente agresiva, prevenida o indiferente, no es lo mismo. Prefiero que sea feo pero con gente buena. Ahora bien, Ecuador es un país maravilloso por todo, empezando por su gente.

Inicié mi viaje por Quito, invitado por el Gobierno de este país en un viaje de prensa. Como ciudad capital, es un lugar obligado para dimensionar lo que es Ecuador, un país pequeño pero con una dimensión enorme de gente queriendo atender a los turistas. Fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO gracias a la preservación de su arquitectura en el centro histórico y sobre todo, las iglesias y su arte religioso, reconocido en toda la región andina y en el mundo. Es una ciudad de contrastes donde se pueden ver parques, plazas, arquitectura colonial, construcciones modernas, campesinos, turistas extranjeros y se da una mezcla interesante para una capital tan pequeña.

La oferta de Ecuador es muy variada, por su misma geografía y diversidad. Se pude encontrar nieve, artesanías, gastronomía, comunidades indígenas, lagos, playas, etc.

Otavalo

Un lugar interesante para generar ese intercambio cultural, se llama Otavalo, un municipio en la provincia de Pichincha, famoso por su mercado tradicional los días sábados. Es una población de aproximadamente 50.000 habitantes y que se beneficia por la actividad turística, no solo a nivel económico sino a nivel social. Incluso desde antes de llegar, es posible parar en Cayambe a comerse un biscocho (como un pan de queso tostado) con queso mozzarella y dulce de leche (arequipe), generando un impacto positivo para los locales de la zona.

En el mercado de Otavalo es posible ver a los indígenas hablando en inglés con los turistas extranjeros, enseñando su tradición, su cultura, vendiendo sus tejidos de todos los estilos, a manera de ponchos, mochilas, sacos, bufandas, etc. Es el lugar perfecto para vivir una experiencia local, los turistas y los campesinos, crean un medio social distinto, tolerante, inclusivo y enriquecedor para unos y otros, donde los productos ofrecidos no solamente se venden para el turista, sino que son los mismos productos que compran los locales. Es posible conseguir un plato típico, hecho con hígado de res, cilantro, tomate, cebolla y papa, que se vende por un solo dólar. También se pueden apreciar condimentos como canela, pimienta, achiote (para dar color y sabor), anís, entre muchos otros; frutas como la fresa, la mora, bananos, piñas, chirimollas, verduras y mucho más, se mezclan para ofrecer los colores más exóticos y agradables que representan perfectamente la idiosincrasia latina.

Hay cosas positivas en este lugar como lo es el intercambio comercial que beneficia económicamente tanto a indígenas como a los demás habitantes del municipio, generando gran satisfacción de parte de los turistas por la diversidad y calidad de los productos a un precio realmente muy bajo. Por otro lado, hay otras cosas negativas como la monetización de las expresiones sociales donde los campesinos e indígenas, cobran tan solo por mantener una conversación con los turistas. No es fácil entablar una conversación a menos que se pague o se esté adquiriendo algún producto a estas personas. Incluso se crea una cultura de mendigar a los niños, haciéndoles cobrar por una fotografía. También el turista falla al ver al indígena como parte del paisaje, como un objeto más cuando lo quiere fotografiar sin permiso, sin siquiera saludar. De todas formas, son más los aspectos positivos que negativos y es un lugar muy destacado y recomendado para visitar.

Cotacachi

Después de Otavalo, dentro de la provincia de Imbabura está Cotacachi, muy cerca de Otavalo, otro municipio de la provincia famoso por el cuero. Este lugar es perfecto para hacer compras de chaquetas, cinturones, bolsos y cualquier otro recuerdo hecho con este material. Por las características del municipio, es fácil identificar que el mayor impacto es económico ya que a nivel social no se presentan mayores interacciones. Faltaría ver bajo qué condiciones se trabaja el cuero ya que por lo general se contaminan corrientes de agua afluentes a los ríos con químicos que contaminan el agua y que luego son utilizadas para el mismo consumo humano. Por lo que se alcanza a ver, es un lugar que vale la pena visitar porque no se involucra sino el casco urbano y se apoya la mano de obra local, sin la necesidad de afectar zonas rurales.

En la provincia de Imbabura, también se encuentra la Laguna de Güicocha, dentro de una reserva ambiental del Estado, donde funciona una empresa pública que está conformada por las mismas personas que habitaban este lugar y que anteriormente eran cazadores y actualmente son los mismos que preservan los recursos naturales y la misma reserva, incluidos los animales que antes cazaban. En este lugar es posible hacer un recorrido en lancha y comprar algunas artesanías, mientras se disfruta de un paisaje increíble con dos islas y el volcán de Cotacachi.

Muy cerca también está la cascada de Peguche, una pequeña caída de agua de unos 35 metros de caída y con una estructura indígena para acceder con caminos de piedra, un lugar fascinante por su bosque, por la posibilidad de acampar sin mayor costo, por la posibilidad de conectar con los mismos turistas nacionales del Ecuador en este lugar y claramente por apreciar la cascada. Algo interesante es que a donde se vaya, siempre se encontrarán artesanías e indígenas, con quienes se podrá compartir, entre menos turístico sea el lugar, más tranquilos serán los indígenas para interactuar.

Salinas y las comunidades palenqueras

Ibarra es la capital de la provincia de Imbaburra, una ciudad tranquila, pequeña, de tan solo 300.000 habitantes aproximadamente. En este lugar el mayor atractivo es el tren que conduce de la ciudad a la parroquia de Salinas (como una inspección de policía en Colombia). El viaje por tren es interesante, su recuperación duró varios años después de que el tren fue cerrado por falta de operación e inversión en infraestructura adecuada para este sistema. Después de doce años de estar cerrado, fue abierto en enero de 2012 para acercar a la parroquia al turismo, no por tiempo porque en bus se demora menos pero por vivir una experiencia diferente.

En el municipio de Salinas uno puede encontrar una experiencia de turismo comunitario, donde las personas pueden llegar a ver su folklor o bien pueden llegar allá a compartir con las comunidades un día, un rato o bien para poder estar con ellos en una experiencia más tiempo, hospedándose en la casa de una familia afro que resida allí, lo que puede costar alrededor de ocho dólares por noche en una habitación independiente. Las actividades que se pueden realizar con ellos van desde ir a vivir un día de agricultura hasta un día de aprendizaje por sus tradiciones culturales como los bailes. El turismo en este lugar está viviendo un auge además porque ha propiciado nuevos emprendimientos que han obtenido financiación del extranjero y del mismo país.

Salinas cuenta con una comunidad palenquera así como en Colombia cerca de Cartagena se tiene a San Basilio de Palenque, donde huyendo de las presiones de los españoles, los esclavos africanos decidieron escapar a lugares poco explorados y donde podían esconderse. Sus bailes recuerdan las tradiciones africanas, en los ritmos, en los movimientos, en su cultura, que hoy pueden ser compartidas con los turistas a través de los bailes, principalmente los fines de semana cuando llegan los viajeros. Es fácil ver a la líder del grupo de danza bailar con una botella en la cabeza, moviendo su cuerpo como si tuviera plena libertad pero atenida al equilibrio, aun así, jamás deja mover y menos, caer la botella. Entre las alternativas de turismo del Ecuador, sin duda alguna será una de las más enriquecedoras, ojalá, alojándose al menos un día con las comunidades.

En fin, seguramente nunca terminaría de contar todas las historias, me falta la costa que es inmensa e increíble pero lo más importante es buscar nuevas alternativas al viajar que impliquen un poco más que rumbear y pasarla bueno que a la final termina haciendo mucho daño a las comunidades locales como en Montañita. Más allá de su inocencia, un niño indígena de Montañita hoy en día crece para ser Surf y para vivir en la rumba llena de alcohol y drogas de los extranjeros. Pensemos a la hora de viajar y seamos coherentes con el mundo que queremos, por esto, disfrutemos de países como Ecuador y claramente, de su gente.

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